De jóvenes se parecían más. Los genes compartidos salen a la luz en el álbum de fotos sexagenarias que Miguel Poliche recorre sin prisa. Las imágenes cuidadosamente archivadas muestran coches enormes que en su momento arrancaron suspiros de último modelo y que los años convirtieron en piezas de anticuario; banderines de cuadros blanquinegros capturados en su enérgico flamear y pilotos venerados como si fuesen dioses del volante. Era otra velocidad. En el medio de esa parafernalia aparecen Miguel y Eduardo Poliche, hermanos y testigos del apogeo del automovilismo nacional.

El tiempo subrayó las diferencias físicas, pero a cambio les dejó los recuerdos de carreras y protagonistas extinguidos con el siglo. En el comedor de la casa paterna edificada en la Yerba Buena salvaje de 1945, los Poliche sincronizan sus memorias fierreras. Miguel, de 81 años y fundador de una próspera tienda de repuestos, relata que arrastran el fanatismo por las carreras desde la adolescencia, cuando comenzaron a frecuentar la Asociación Deportiva Automotores (ADA), la primera organización de la provincia dedicada al automovilismo.

Después intervienen en la fundación del Club Tucumano de Regularidad, la Asociación Tucumana de Automóviles Standard y el Club El Lapacho. La disciplina atraviesa un período de inédito esplendor. Eduardo Poliche, contador público de 76 años y secretario de Desarrollo Regional durante la presidencia de Raúl Alfonsín, coloca al Gran Premio Buenos Aires-Lima-Buenos Aires, en octubre de 1940, como punto de largada de la pasión por los motores. "Es la época de Juan Manuel Fangio y de los hermanos (Juan, Roberto y Oscar) Gálvez, de la rivalidad entre Ford y Chevrolet, que entonces equivalía a River y Boca", precisa el repuestero. Después se hace un silencio reflexivo que el ex funcionario rompe con la evocación de las carreras oídas por radio -y terciadas con el eslogan "Perón cumple, Evita dignifica"-, y de las transmisiones en las que Miguel participaba como cronometrista. "No porque fuese bueno, sino porque no había otro", bromea el aludido.

Revista de colección

La anécdota desemboca inevitablemente en "El Gráfico", revista que los Poliche compraron religiosamente entre 1939 y 1960, y cuya colección perdieron en el despiadado ataque de limpieza de una cónyuge. Sonríen sin rencor mientras piensan en voz alta en esas páginas donde entendieron la esencia del periodismo. "Empezábamos a leerlas desde atrás, por las (columnas) ?Apiladas?", de Ricardo Lorenzo Rodríguez alias "Borocotó", gran periodista deportivo y padre del canalla del diputado que en 2005 se vendió al kirchnerismo", precisa el contador público con admiración devenida en amargura. Su hermano prosigue: "Después de la Segunda Guerra Mundial llegaron corredores europeos que manejaban con una técnica desconocida en Argentina. Nunca olvidaré la sentencia de Borocotó: ?lo hacen tan bien que parece fácil?".

La sangre al viento

Fueron por todo el país persiguiendo la zanahoria de las carreras de autos. La dirigencia les consumió tiempo y dinero. "Es un deporte caro tanto para el que corre como para el que organiza el espectáculo", especifica Miguel, que en 1960 se animó a acompañar a Andrés Miguel Reginato (padre de Andrés Reginato, que participó en el Dakar 2011) en su Citroen 2CD.

La plática relajada con café, leche cortada, budín, galletas y queso se pone seria cuando Eduardo menciona a Nasif Estéfano, el concepcionense que revolucionó el automovilismo tucumano. "Su advenimiento marcó una etapa", define sin mitigar su devoción por "El Turco". Tras un minuto infinito y hueco, Miguel anuncia que fue el último que largó al corredor en la fatídica carrera de La Rioja, en 1973: "recuerdo que tomé la precaución de verificar que iba bien atado al asiento. No sé qué pasó: ?El Turco? las peleaba a todas". Su hermano ensaya una hipótesis: "a Nasif le ocurrió lo mismo que a Juan Gálvez: cayó el día que dejó de ser exquisito y delicado para ganar a toda costa".

En el otro extremo está Fangio. Los Poliche vuelven a regocijarse con la hazaña de agosto de 1957, cuando el piloto obtiene el quinto Campeonato Mundial de Fórmula 1 batiendo el récord de la pista de Nürburgring (Alemania). "Ya podía retirarse a vestir la Mercedes Benz", apostilla Eduardo haciendo hincapié en la lucidez del maestro de los corredores argentinos.

El declive del automovilismo

Luego, procuran explicar los factores del declive del automovilismo. Uno de ellos observa que este alcanzó un nivel de profesionalización imposible de seguir con los recursos disponibles en Tucumán. El autódromo del Parque 9 de Julio quedó chico y angosto con el aumento de la potencia de las máquinas. Faltó apoyo económico y esa circunstancia detuvo el desarrollo de un deporte en el que, pese a todo, siguieron surgiendo figuras relevantes, como Roberto Sánchez.

"Nos dejamos estar... ¡Si hasta las Termas de Río Hondo tiene una pista!", apuntan resignados. El Dakar es un buen ejemplo del automovilismo profesional que mencionan los Poliche. Prendidos de la TV -el viaje doméstico que permite la vejez-, ambos disfrutaron de las arriesgadas maniobras de Carlos Sáinz y del campeón Nasser Al-Attiyah. "¡Patinaban sobre la arena!", exclama Eduardo. Y añade: "el rally despertó tanto entusiasmo porque es lo más parecido al TC. Es un auténtico hacer camino al andar, como dice el poeta Machado". Miguel, que medita sobre el enorme sacrificio que supone para el corredor, asegura que la aventura del Dakar no tiene precio: "¡el piloto no ve el fondo de las dunas cuando se hace de noche!".

El último rally se agiganta en la mirada acuosa de los hermanos criados en Vipos (cuatro varones), que iban a la escuela al galope y soñaban con tener una pelota de cuero Nº5. El álbum de fotos de Miguel ha resucitado los parecidos físicos perdidos y todas las carreras de los tiempos de rosa, incluso las cabalgatas de una privilegiada niñez en el campo. "Nos bebíamos el viento", proclama Eduardo en un rapto metafórico que carga el aire de una intensa sensación de plenitud y deja al descubierto los orígenes de una biografía familiar atravesada por el cautivante misterio de la velocidad.